¿Sabemos valorar empresas?

Todos, en nuestro día a día, participamos en procesos de compra, que en su inmensa mayoría se llevan a cabo de forma racional. Cuando vamos al supermercado compramos tomates a un precio que subjetivamente pensamos que es correcto, con respecto al valor que nos aporta comer esos tomates.

Valoración de las empresas

Es muy fácil, y lo hacemos de forma casi automática, valorar los productos y servicios que adquirimos cada día. Pero ¿sabríamos valorar las empresas que producen esos productos? ¿Cuánto vale la empresa de agricultura que produce los tomates? Este un proceso mucho más complejo, menos intuitivo y que requiere de muchas horas/días de estudio y análisis.

Las empresas tienen un balance donde aparecen reflejados sus activos y pasivos, y una cuenta de pérdidas y ganancias donde observamos sus ingresos y gastos. Estos activos, pasivos, ingresos y gastos se reconocen siguiendo normas contables establecidas por las autoridades, con el objetivo de mostrar la imagen fiel de una compañía y su verdadera situación patrimonial. Por desgracia, los criterios de contabilización no están diseñados para reflejar el valor de mercado.

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Proceso de valoración complejo

Muchos pensarán que una empresa vale sus activos (lo que tiene) menos sus pasivos (lo que debe) por lo que una empresa se valora en el mercado por su patrimonio neto (activos-pasivos), nada más lejos de la realidad. Tampoco podemos pensar que el valor de una empresa viene dictado por sus beneficios y que, por tanto, podemos valorar una compañía simplemente diciendo que esta vale sus beneficios presentes aplicando un multiplicador. Ni una cosa, ni la otra, un proceso de valoración correcto es mucho más exhaustivo, mucho más cualitativo. El valor intrínseco de una compañía viene dado por su capacidad de generar caja en el FUTURO.

Todos conocemos casos de empresas super exitosas que acabaron quebrando, imagínese valorar una de esas empresas el año antes de quebrar aplicando un multiplicador a sus beneficios… ¡quiebra la empresa y quiebra el analista que haya recomendado su compra!

Para valorar una empresa hay que conocer el sector en el que opera, las dinámicas competitivas, los competidores, la cadena de valor desde el primer proveedor hasta el último consumidor, las barreras de entrada en la industria, los productos con los que compiten ahora y con los que competirá mañana. Desgraciadamente hay muy pocos analistas que valoran las empresas desde un punto de vista correcto, es mucho más fácil aplicar un multiplicador a beneficios presentes… aunque el año que viene esos beneficios puedan ser un 50% menor o mayor.

Edgar Fernandez Vidal
Senior Consultant – Director M&A
Martinsdelima