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Idoneidad de un traslado sanitario aéreo en un caso complejo

En este asunto se nos solicitó un informe médico-laboral (médico-legal) para analizar, con criterios estrictamente técnicos, si las decisiones clínicas y de coordinación asistencial adoptadas ante un paciente con patología cardiorrespiratoria compleja fueron adecuadas, especialmente en lo relativo a la posible repatriación/traslado sanitario por vía aérea.
El caso presentaba un reto habitual en medicina asistencial y pericial: la evolución clínica no fue lineal. En un primer momento, el paciente recibió tratamiento hospitalario intensivo y se valoró la conveniencia de trasladarlo a un entorno distinto para continuar la asistencia. La discusión técnica se centraba en un punto clave: cuándo un traslado aporta realmente más beneficio que riesgo y cuándo, por el contrario, puede suponer una exposición innecesaria para un paciente frágil.
La controversia no era “si se podía trasladar”, sino si se debía trasladar en ese momento concreto, con qué medios (vuelo medicalizado vs. vuelo comercial con soporte sanitario) y con qué garantías de seguridad. En este tipo de decisiones, el estándar profesional exige ponderar la estabilidad hemodinámica y respiratoria, la necesidad de terapias avanzadas y la capacidad real del centro que atiende al paciente para seguir tratando el cuadro con seguridad.
Además, el expediente incluía documentación clínica relevante que permitía reconstruir el razonamiento médico, la respuesta al tratamiento y los motivos por los que se planteó el traslado. El análisis también requería contextualizar el caso dentro de las indicaciones y contraindicaciones del transporte aéreo en pacientes con enfermedad cardiopulmonar, donde factores como la hipoxia en cabina y la limitación de recursos durante el vuelo pueden ser determinantes.
Otro punto crítico fue la llamada “ventana para el transporte”: ese intervalo clínico en el que el paciente presenta suficiente estabilidad como para minimizar riesgos durante el traslado. Identificar esa ventana exige rigor: no basta con una mejoría subjetiva; hay que verificar estabilidad clínica, necesidades terapéuticas y probabilidad razonable de complicaciones durante el trayecto.
Finalmente, el caso incorporaba un desenlace clínico sobrevenido que obligaba a diferenciar con claridad entre lo previsible y lo imprevisible en medicina, y a determinar si la actuación previa se ajustó a una práctica prudente y segura. Precisamente ahí es donde un informe bien construido marca la diferencia: aporta una explicación técnica sólida, trazable y entendible para terceros.
Nuestro enfoque fue el de una pericial “a prueba de sala”: reconstrucción cronológica de la historia clínica, revisión crítica de informes y evolutivos, e identificación de los hitos asistenciales que motivaron cada decisión. A continuación, contrastamos esos hitos con criterios clínicos aceptados y con la lógica médico-asistencial del traslado, poniendo el foco en riesgos específicos del entorno aeronáutico y en la disponibilidad de terapias en destino y en origen.
Con esa base, elaboramos conclusiones claras y operativas: qué elementos apoyaban la prudencia del manejo inicial, qué condicionantes hacían desaconsejable precipitar un traslado y qué indicadores podían justificarlo cuando existía estabilidad suficiente. El resultado no fue una opinión genérica, sino una valoración técnica estructurada, orientada a responder exactamente a las preguntas controvertidas del caso.
Gracias a este trabajo, el cliente dispuso de un dictamen que ordenaba el caso, eliminaba ambigüedades y convertía una discusión clínica compleja en conclusiones verificables, reforzando su posición con argumentos médicos consistentes y centrados en seguridad del paciente, idoneidad del traslado y razonabilidad de las decisiones. En otras palabras: martinsdelima transformó un escenario de alta incertidumbre en una narrativa técnica sólida y defendible, con el nivel de precisión que se exige cuando el informe debe sostenerse ante terceros.