Una compañía especializada en soluciones logísticas desplegables y equipos para entornos militares y de emergencia necesitaba determinar, con criterios objetivos, el valor económico de su marca como activo intangible. El encargo tenía un objetivo claro: contar con una valoración sólida y defendible para tomar decisiones corporativas con mayor seguridad, alineando estrategia, inversión y posicionamiento comercial.
El reto principal estaba en que la marca no podía analizarse como un “nombre” aislado, sino como un elemento que concentra confianza operativa, capacidad de acceso a mercados exigentes y reputación técnica. En este tipo de industrias, la marca funciona como un atajo de credibilidad: influye en procesos de compra altamente rigurosos, reduce fricciones comerciales y refuerza la percepción de fiabilidad en situaciones críticas.
Además, la empresa operaba con una estructura completa, desde producción y ensamblaje hasta integración logística e I+D, lo que hacía imprescindible comprender bien cómo la marca se “materializa” en producto, servicio y experiencia del cliente. Por eso, antes de valorar, realizamos un análisis del negocio y de su propuesta de valor: catálogo, aplicaciones reales, exigencias del usuario final y dinámica competitiva del mercado.
Otro factor clave fue el contexto: en este sector no siempre existen transacciones públicas comparables que permitan “leer” el mercado de forma directa. Justamente por eso, descartamos el enfoque de mercado cuando no ofrecía referencias fiables y preferimos un camino que reflejara de forma más precisa el valor que la marca puede generar en el futuro.
La metodología se diseñó para ser técnica, rigurosa y conservadora, combinando el enfoque de rentas con dos piezas complementarias: por un lado, la estimación de flujos de caja a partir de proyecciones realistas; por otro, la determinación de una tasa de royalty coherente con el sector, ajustada mediante un análisis cualitativo de variables como barreras de entrada, exclusividad y potencial de mercado.
El resultado fue una valoración robusta y accionable, que no se quedó en una cifra, sino que explicó por qué la marca vale lo que vale y qué palancas la impulsan. Ese “mapa” permitió a la dirección entender el impacto de la marca en la generación de rentas futuras y disponer de una base clara para decisiones estratégicas (crecimiento, licencias, inversión y posicionamiento). En otras palabras: una valoración hecha para decidir, con el nivel de detalle y fiabilidad que distingue el trabajo de martinsdelima.