Una empresa especializada en desarrollo y gestión de activos energéticos nos encargó una valoración para tomar decisiones estratégicas con una base económica sólida, combinando información interna con contraste de mercado. Desde el inicio, planteamos el trabajo con un objetivo muy práctico: convertir una cartera compleja en una conclusión clara y accionable para dirección.
El elemento diferencial del encargo fue que no valoramos la plataforma “en bloque”, sino proyecto por proyecto, analizando cada iniciativa según su tecnología, fase de madurez, necesidades de inversión, riesgos y potencial de monetización. Esta forma de trabajar permite capturar el valor real (y sus matices), porque en carteras renovables el valor cambia radicalmente según el grado de avance y el camino de salida de cada proyecto.
Además, incorporamos el análisis del modelo de creación de valor de la compañía: desarrollo integral, acompañamiento en construcción y financiación, y capacidad de estructurar operaciones que maximizan el valor al desinvertir o rotar activos. En ese modelo, los acuerdos de compraventa de energía tienen un papel central.
Aquí es donde entran los PPA como palanca clave: más allá de ser “un contrato”, un PPA bien estructurado aporta visibilidad de ingresos, estabilidad frente a volatilidad de precios y bancabilidad del proyecto. Por eso, en nuestra valoración tratamos los PPA como un factor decisivo para entender qué proyectos estaban en mejor posición para financiarse, ejecutarse y capturar valor, y cuáles requerían una estrategia distinta.
La cartera incluía, además, una vertical específica de almacenamiento, especialmente relevante en entornos donde la estabilidad del suministro es crítica. Por eso, también analizamos esa línea con el mismo enfoque proyecto a proyecto, reflejando su valor estratégico dentro del conjunto y evitando que quedara “diluida” dentro de un agregado.
Con todo ello, el entregable final no fue solo una cifra: fue un mapa de valor por iniciativa, con una lectura ejecutiva de qué proyectos concentran mayor potencial, qué condiciones (incluyendo PPA) lo desbloquean y qué riesgos deben gestionarse para capturarlo. Ese es el tipo de claridad que permite tomar decisiones rápidas y seguras.
Para reflejar adecuadamente una plataforma con proyectos en distintas fases, empleamos un enfoque patrimonial basado en Valor Actual de los Activos como marco central, y lo alimentamos con el análisis individualizado de cada proyecto (estado, inversión ya realizada, expectativas, riesgos y ruta de monetización).
En paralelo, incorporamos las piezas clave que determinan el valor económico total: posición neta de tesorería, ajustes por elementos económicos relevantes (como el reconocimiento del valor de la gestión cuando aplica), y un tratamiento riguroso de obligaciones y contingencias (devoluciones vinculadas a proyectos, contingencias fiscales y garantías).
Y, de forma muy relevante, integramos el papel de los PPA como variable de calidad del proyecto: su existencia, encaje y coherencia dentro del modelo (por estabilidad, bancabilidad y capacidad de ejecución) se consideró una palanca que condiciona de forma directa el valor y la estrategia óptima por activo.
La resolución fue excelente porque unimos dos cosas que rara vez llegan juntas: detalle extremo (proyecto a proyecto) y visión global (NAV y riesgos/contingencias). Así, la dirección obtuvo un resultado robusto y defendible, pero sobre todo utilizable: un diagnóstico que permite priorizar, decidir y negociar con mayor control.
En términos de valor para consultoría, la diferencia estuvo en el enfoque: no nos quedamos en una “foto” agregada, sino que entregamos una lectura estratégica de cartera donde los PPA aparecen como lo que realmente son en renovables: un acelerador de valor y una herramienta para convertir proyectos en activos financiables.